03 septiembre 2007

Qué odio!

Que bronca que me dio ayer.
Yo creía que no me importaba.
Creí que lo había dejado -sabiamente- atrás en el pasado.
Creí que por fin había llegado mi oportunidad de decirle en la cara todo lo pelotudo que es.

Pero lo ví, y me temblaron las manos...
Se acercó, y me puse roja como una manzana deliciosa... (no se adelanten, es que justo estaban sentados unos familiares delante mío)
Y tuve que cerrar los ojos, y tratar de encontrar algún recuerdo amigable que viniera al rescate, y me costó varios minutos más de lo esperado, porque en el intento, se me aparecían caras de otros como el.
Y cuando por fin conseguí, ya ni siquiera una memoria amiga, sino más bien una sensación, apenas tibiamente inofensiva, como no podía ser de otra forma, llegó el recuerdo de aquella noche de junio que lo conocí.
El día del partido Argentina- México del último mundial.
Había pasado la tarde con amigos y familia, y para festejar tomamos unos tequila, después de eso salimos hacia el bar, donde conocería horas más tarde este absurdo personaje.
Y recuerdo las luces y la música, y la cara de mi prima, y lo divertido de la situación. Pero, extrañamente, recuerdo que me reía, me reía mucho. Ahora ya no.
Ahí está, te odio por hacerme pensar dos veces antes de reír. Que alivio... por fin se lo dije.

Y para que no queden tan perdidos, aquí, la 1° cita individual.
Aquí, la última.
Y aquí, el resumen.

2 comentarios:

LLL dijo...

El pelotudo es pelotudo... hay que dejarlo que muera pelotudo. No avives nunca un pelotudo.

Saludos, desde Barranqueria.

Lulet (Julia Mar) dijo...

OUCH!!

Qué el olvido haga su laburo pronto en vos así seguís adelante riendo.

Beso!!!